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Comentarios: 2da. Parte

En esta segunda parte, llamada “La Experiencia”, consideramos ocho ceremonias que se presentan para distintos casos y situaciones de la vida personal y social.

En casi todas las ceremonias están presentes dos realidades que, tratadas explícitamente o no, muestran su importancia por los profundos significados que tienen para la vida. A estas realidades, que admiten diferentes interpretaciones, las conocemos bajo las designaciones de “la Inmortalidad” y “lo Sagrado”. El Mensaje concede la mayor importancia a esos temas y explica que se debe contar con pleno derecho para creer o no creer en la Inmortalidad y lo Sagrado, porque de acuerdo a cómo se emplace una persona frente a esto, así será la orientación de su vida.

El Mensaje asume las dificultades de examinar abiertamente las creencias fundamentales, chocando con la censura y la autocensura que inhiben al pensamiento libre y a la buena conciencia. En el contexto de la libre interpretación que propicia el Mensaje, se admite que para unas personas la Inmortalidad se refiera a las acciones realizadas en vida, pero que sus efectos se continúan en el mundo físico a pesar de la muerte física. Para otras, la memoria que se conserva en los seres queridos, o aun en grupos y sociedades, garantiza la persistencia después de la muerte física. Para otras más, la inmortalidad es aceptada como persistencia personal en otro nivel, en otro “paisaje” de existencia.

Siguiendo con la libre interpretación, algunos sienten a lo Sagrado como el motor del afecto más profundo. Para ellos, los hijos u otros seres queridos representan lo Sagrado y poseen un máximo valor que no debe ser envilecido por ningún motivo. Hay quienes consideran Sagrado al ser humano y a sus derechos universales. Otros experimentan a la divinidad como la esencia de lo Sagrado.

En las comunidades que se forman en torno al Mensaje, se considera que las diferentes posturas asumidas frente a la Inmortalidad y lo Sagrado no deben ser simplemente “toleradas”, sino genuinamente respetadas.

Lo sagrado se manifiesta desde la profundidad del ser humano, de ahí la importancia que tiene la experiencia de la Fuerza como fenómeno extraordinario que podemos hacer irrumpir en el mundo cotidiano. Sin la experiencia todo es dudoso, con la experiencia de la Fuerza tenemos evidencias profundas. No necesitamos de la fe para reconocer lo Sagrado. La Fuerza se obtiene en algunas ceremonias como el Oficio y la Imposición. También en las ceremonias de Bienestar y Asistencia se pueden percibir los efectos de la Fuerza.

El contacto con la Fuerza provoca una aceleración y aumento de la energía psicofísica, sobre todo si cotidianamente se realizan actos coherentes que, por otra parte, crean unidad interna orientada hacia el crecimiento espiritual.

La primera experiencia, conocida como “Oficio”, es una ceremonia social que se realiza a pedido de un conjunto de personas. Los partícipes, llamados “Oficiante” y “Auxiliar”, establecen una suerte de diálogo a viva voz que permite a todos seguir una misma secuencia desde el comienzo a la conclusión. Se trata de una experiencia que utilizando algunos recursos de relajación, al poco tiempo va dando lugar a un conjunto de imágenes visuales y cenestésicas que, finalmente, toman el carácter de una “forma esférica” en movimiento capaz de liberar la Fuerza. En un momento se cita un Principio o pensamiento de La Mirada Interna como tema de meditación. Finalmente, se realiza un Pedido en dirección a lo que cada cual experimenta como su “necesidad” más profunda.

En otra ceremonia, también social, conocida como “Imposición”, se trabaja con el registro de la Fuerza de un modo más directo que en el Oficio. No se apela a la evocación ni registro de la esfera. Tampoco se lee un Principio ni se sugiere algún tema de meditación. Se mantiene un Pedido en la misma mecánica del Oficio.

Una tercera ceremonia, conocida como de “Bienestar”, también se realiza a pedido de los asistentes. Sin duda, se trata de una posición mental en la que una o varias personas son evocadas tratando de rememorar del modo más vívido posible su presencia y sus tonos afectivos más característicos. Se busca comprender del modo más intenso posible las dificultades que en esos momentos pueden estar viviendo quienes son evocados. Desde allí se pasa a considerar una mejora en la situación de manera que se pueda experimentar el registro de alivio correspondiente.

Esta ceremonia pone de manifiesto un cierto mecanismo de “buenos deseos” o “buenas intenciones” con los que nos expresamos casi espontáneamente y con mucha frecuencia. Decimos: “que tengas un feliz día”, “que cumplas muchos y buenos años”, “que salga bien tu prueba” o “que superes la dificultad actual”, etc. Es claro que en esta ceremonia se hacen los “Pedidos” desde una buena disposición mental en la que se enfatizan los registros afectivos intensos. El “Pedido” de beneficios para otros, realizado en las mejores condiciones, nos ubica en una posición mental en la que nos predisponemos para dar las ayudas necesarias, que además, mejoran nuestras direcciones mentales fortaleciendo en nosotros las posibilidades de comunicación con los demás.

Un punto muy importante a considerar con los “Pedidos” es el de efectuarlos a fin de que otros puedan superar las dificultades y restablecer sus mejores posibilidades. Sobre esto no debe haber confusión. Veamos un caso. Se podría suponer que un Pedido por el restablecimiento de la salud de alguien moribundo es lo más adecuado, ya que se está tratando de sustraer del dolor y el sufrimiento a la persona afectada, pero al enfocar ese Pedido se debe ser cuidadoso porque no se trata de pedir lo mejor para uno mismo que quisiera mantener al afectado con buena salud y cerca nuestro. El pedido correcto debería apuntar a lo mejor para ese moribundo y no a lo mejor para nosotros mismos. En esta situación, en que estamos ligados por el afecto a ese moribundo sufriente, tal vez deberíamos considerar que esa persona puede desear salir de su situación reconciliada y en paz consigo misma. En este caso, el pedido es por “lo mejor para la persona afectada” y no por lo mejor para mí, que quisiera retener a la otra persona a toda costa. Así es que el Pedido por otro debe considerar qué es lo mejor para el otro y no para mí.

Esta ceremonia concluye, para quienes así lo deseen, en hacer sentir la presencia de aquellos seres muy queridos que “aunque no están aquí, en nuestro tiempo y en nuestro espacio”, se relacionan o se han relacionado con nosotros en la experiencia del amor, la paz y la cálida alegría.

Finalmente, con esta ceremonia se pretende crear una correntada de bienestar para todos los presentes que estén orientados en una misma dirección.

A la cuarta ceremonia, llamada de “Protección”, concurren Oficiante, Auxiliar, familiares y conocidos de los niños a quienes está dedicada. Las explicaciones sobre formalidades y significados se van dando a lo largo del desarrollo de esta ceremonia de cambio de estado.

La quinta ceremonia, de “Matrimonio”, es también de naturaleza social y por ello se suele celebrar con la participación de numerosas parejas que desean unirse y dar testimonio público de su cambio de estado. Como en la ceremonia de Protección, aquí se dan explicaciones sobre formalidades y significados a lo largo de todo su desarrollo.

La sexta ceremonia, llamada de “Asistencia”, es básicamente individual. Como se explica en la ambientación al parlamento del Oficiante: “Esta es una ceremonia de mucho afecto y exige que quien la realice dé lo mejor de sí. La ceremonia puede ser repetida a pedido del interesado o de aquellos que cuidan de él. El Oficiante está a solas con el moribundo. Cualquiera sea el aparente estado de lucidez o inconsciencia del moribundo, el Oficiante se aproxima a él hablando con voz suave, clara y pausada”. Numerosas frases que lee el Oficiante derivan del capítulo XIV de la Mirada Interna, titulado “La Guía del Camino Interno”. La secuencia, las imágenes y las alegorías que se exponen tienen la estructura de una experiencia guiada profunda.

La séptima ceremonia, de “Muerte”, es llevada adelante por el Oficiante, al igual que en la ceremonia de Asistencia. Sin embargo, se trata de una ceremonia social destinada a familiares, amigos y conocidos del fallecido.

La octava y última ceremonia, llamada de “Reconocimiento”, es llevada adelante por un Oficiante y un Auxiliar. En la ambientación se explica que se trata de una ceremonia de inclusión en la Comunidad… Inclusión por experiencias comunes, por ideales, actitudes y procedimientos compartidos. Se realiza a pedido de un conjunto de personas y luego de un Oficio. Quienes van a participar deben contar con el texto que ha sido distribuido antes. Esta ceremonia tiene la estructura de un testimonio colectivo.

Silo – Centro de Estudios de Punta de Vacas, 03/03/2009.