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III. El sin-sentido

En muchos días descubrí esta gran paradoja: aquellos que llevaron el fracaso en su corazón pudieron alumbrar el último triunfo, aquellos que se sintieron triunfadores quedaron en el camino como vegetales de vida difusa y apagada. En muchos días llegué yo a la luz desde las oscuridades más oscuras guiado no por enseñanza sino por meditación.

Así me dije el primer día:

1. No hay sentido en la vida si todo termina con la muerte.

2. Toda justificación de las acciones, sean éstas despreciables o excelentes, es siempre un nuevo sueño que deja el vacío por delante.

3. Dios es algo no seguro.

4. La fe es algo tan variable como la razón y el sueño.

5. “Lo que uno debe hacer” puede discutirse totalmente y nada viene definitivamente en apoyo de las explicaciones.

6. “La responsabilidad” del que se compromete con algo no es mayor que la responsabilidad de aquel que no se compromete.

7. Me muevo según mis intereses y esto no me convierte en cobarde pero tampoco en héroe.

8. “Mis intereses” no justifican ni desacreditan nada.

9. “Mis razones” no son mejores ni peores que las razones de otros.

10. La crueldad me horroriza pero no por ello y en sí misma es peor o mejor que la bondad.

11. Lo dicho hoy por mí o por otros, no vale mañana.

12. Morir no es mejor que vivir o no haber nacido, pero tampoco es peor

13. Descubrí no por enseñanza, sino por experiencia y meditación, que no hay sentido en la vida si todo termina con la muerte.